S?bado, 29 de agosto de 2009

Recuerdos de la postguerra en el Riotinto de los ingleses

 

Queridos amigos:

Como hay bastante de vosotros que me han preguntado por el libro y su contenido, después de pensarlo detenidamente he decidido dar publicidad al Informe Editorial de la Empresa que lo edito en su día.

Creo que es lo más adecuado, yo no soy quien para juzgar mi propia obra, para eso están los críticos y sobre todo los de aquellos que van a poner su dinero en la edición de una obra.

Naturalmente lo cuelgo porque es favorable a mi, si fuese contrario no lo habrían publicado y sobre todo no lo colgaría yo en mi propio foro:

 

Solo diré dos cosas

 

Por mucho que se empeñen mis amigos de que es autobiográfico, es una novela.

 

No es un libro de humor, las cosas que cuento, o las cuentas en clave de humor o no se pueden contar.

 

Y a continuación os transcribo el informe de la editorial:

 

Informe de lectura: Recuerdos de la postguerra en el Riotinto de los Ingleses

 

        Pepe Guterrez es un ingeniero del Ejercito Republicano que, tras la Guerra Civil, es encarcelado en Ocaña. Pero existe una gran necesidad de ingenieros en las minas inglesas de Huelva, y Pepe es trasladado con su familia a Riotinto: pasa de la prisión a la Colonia de Bellavista, bajo la supervisión de la Guardia Civil.

 

       Éste es el arranque de una obra a medio camino entre el retrato costumbrista, la novela picaresca y el libro de – falsas – memorias, narrado en primera persona por el hijo del ingeniero. Como el propio autor confiesa al inicio, antes de transformarse en Pepe Guterrez hijo, su intención es dejar constancia de las condiciones de vida de la España de la inmediata postguerra, avisando de que todos los detalles de la historia son ciertos, así como los lugares, costumbres y acontecimientos, solo que los personajes no existieron en la realidad.

 

       Realmente, la época queda plasmada con absoluta verosimilitud y con gran profusión de apuntes sobre las penurias de la gente, el trato a los vencidos, la prepotencia  de los ingleses, las “castas” de Riotinto, el estraperlo, el racionamiento, etc. Y sobre todo la infancia como punto de vista especial a través del cual el autor refleja todas las circunstancias de Bellavista y Riotinto.

 

        La frescura y la espontaneidad del pequeño narrador dota de un gran encanto a todo lo que vive o desfila ante sus ojos. No solo por la forma de contarlo, sino también por sus propias ocurrencias y diálogos. Su condición de español en una sociedad jerarquizada como la Compañía, compuesta principalmente por ingleses, se complica por el desprecio que sienten hacia los hijos del Staff al otro lado del muro, que “les escupen cuando pasan”; y no le resta complicaciones el ser hijo de rojo y autoproclamarse rojo con orgullo en la época del franquismo más represor y cerrado. Esta visión del narrador no sólo no resta dureza a lo descrito, sino que consigue mostrar la realidad en toda su crudeza a través del instrumento más afilado e incuestionable a la hora de analizar la realidad: el humor. Esto lo empareja con los grandes testigos de la época que supieron sublimar la desgracia a través de la comicidad guardando el mayor respeto a los temas tratados: autores como Mihura, Gila o los colaboradores de la Codorniz, que supieron  retratar una sociedad de extrema dureza sin olvidar la regla mayor de cualquier medio de comunicación humana: el entretenimiento.

 

           Si bien la descripción de ambientes, costumbres y circunstancias sociopolíticas que constituye el interés principal del autor, queda perfectamente definida y extremadamente completa en todos sus matices, también nos encontramos con otro elemento de sumo interés: los personajes Y destacan por un curioso efecto de oposición social o personal: Pepe hijo es una fuerza de la naturaleza, rebelde y espontáneo, que va descubriendo las realidades del mundo a fuerza de palo, primero dentro y luego fuera del muro, espacios que conllevan distintas formas de elitismo y de opresión. Pero también se impone el personaje de Pepe Guterrez padre, por oposición a un mundo en el que todo parece indicar que ha dejado de tenerle en consideración –excepto como “esclavillo de primera”-. Descrito con desparpajo y ternura, su alegría y orgullo sano le llevan a no dejarse avasallar jamás y cumplir a fondo una filosofía de vida de profundo vitalismo, llegando a hacer una fiesta de su “primera extremaunción”.

 

          La narración  no tiene una lógica lineal, sino que profundiza en todos los aspectos de la vida en el Riotinto de la Postguerra hasta llegar al fondo de cada asunto, saltando hacia delante o hacia atrás en el tiempo para que la visión panorámica quede perfectamente clara en cada tema. No es la estructura narrativa la que marca el hilo argumental ni el orden cronológico, sino el tema tratado en cada caso.

 

          En diversas ocasiones, el autor apela al lector directamente, con lo que se crea una complicidad especial, como si fuera un amigo quien nos narra los hechos de su infancia y juventud. Además da la importancia de cada bloque temático, lo anecdótico cobra importancia por si mismo, tanto por la frescura de la narración como por lo llamativo de unos hechos que nos parecen ahora tan lejanos.

 

           La ironía amable, como se ha dicho, lejos de restar dureza a lo que la obra constata, añade dramatismo muy propio de los mejores autores que utilizaron el humor como envoltorio para reflejar una realidad envenenada; al leer ciertos pasajes o frases, el lector no puede evitar una sonrisa que se congela ante la gravedad de lo expresado: “ O tenían pocas hijas o poca suerte, pero en mi pueblo había más patas de palo que en ningún otro pueblo de la provincia”, para definir los riesgos laborales de los guardafrenos; las reflexiones sobre la guerra: “ Si digo que yo no fumaba no bebía hasta que llegue al frente...”“Si, la guerra debe ser terrible”“!No se lo imagina¡ Y si se pierde es aun peor”;la necesidad de barrenar el terreno para poder enterrar al padre; la profusión de enfermedades: “La tuberculosis paseaba en limusina por el pueblo”; las diferencias de religión aplicadas a las trastadas infantiles: “Si no es pecado en católico, tampoco lo es en anglicano”; “Eso de haber veraneado en Ocaña marcaba mucho” refiriéndose al penal; o la alusión a la muerte de Billy: “Billy es más rompible que Pepe...” (Estoy de acuerdo con Betty, quizás por eso lo mataron en Corea)”, y así durante todo el libro.

 

          El lenguaje infantil esta muy bien reflejado en todo momento. Inesita le dice a Pepe en el capitulo de “Mummy Prospectors”: “Yo también quiero ir con vosotros”, a lo que el niño responde llanamente: “No que me pegas”. También todo lo que rodea a la infancia, ya que a un niño “le mandan todos”, pero ciertos adultos, como el propio padre de Pepe o el cura rojo, saben comprenderlos en sus mismos conflictos: “Anda, vete con Dios y no te pegues con Inesita que te puede”. O, como los niños estorban en todas partes y en referencia a los comunicados de la Compañía: “Algún día mandarán un Please Note prohibiendo a los niños”.

 

           Para concluir, y aunque habría muchos más detalles que resaltar dentro del libro, estos Recuerdos de la postguerra en el Riotinto de los ingleses constituye una obra de gran valor histórico y sociológico, unido a una aguda percepción de la condición humana bajo circunstancias adversas y a un excelente retrato de personajes. Si bien es cierto que precisa de una corrección editorial, necesaria en todo libro, estas memorias dejarán constancia agridulce de una época lejana y cercana al mismo tiempo, a la par que un buen sabor de boca al lector que a ella se acerque.


Publicado por felipeluzon @ 19:42
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios